martes, 17 de junio de 2008

"AQUI VENDEMOS TEJANOS, NO HACEMOS MILAGROS"

palabra que no fui yo quien dijo semejante atropello.



mi amiga T., guapa donde las haya, fashionista y señorita se fue un día a por unos tejanos entre muchas otras cosas que puede permitirse comprar. yo no vendía esa marca precisamente de tejanos de la que no podía vivir sin y se fue a una tienda muy 'it' en su momento de la metrópolis. T. mide 1.60 mts y lleva la talla 38. morena curvilínea con grandes ojazos y una melena que ya querría para sí rosario flores. una vez dentro del probador pide a la estupendisima vendedora una talla más, la chica 'bufa' -descripción textual- y va a por otra talla. T. no se gusta definitivamente en ninguna de las tallas y le pide otro modelo que pudiera sentarle bien desde la desnudez tan vulnerable del probador: es que no me acabo de ver, me veo muy ....redonda. la bestia es despiadada y va vestida, la mira como alucinada, y le suelta la frase que ni las dependientas de rodeo drive en pretty woman fueron capaces de superar:
"y qué quieres que haga, aquí vendemos tejanos, no hacemos milagros."

T. me lo contó entre la risa y el llanto. yo exclamé 'mala bestia!'. hicimos planes para destruir la carrera meteórica de esa perversa. T. maneja el mundo de la ley, y yo algo del orden de las cosas. 'mi hermano le pondrá una denuncia', 'conozco a la dueña y ésa ya se está apuntando al paro'. no hicimos nada de eso, claro. pero sí nos hicimos más amigas; a ella le entregué mi ramo de novia hace casi cinco años.

mea culpa

no soy perfecta, aunque casi. adoro a los niños por encima de todo menos del mío, pero no soy torrebruno.

no la so-por-ta-ba. con su torva mirada carneril, sus rizos orondos, su mal genio camuflado, su abuela pesada.... la abuela venía a menudo a tocarlo todo, todo-todo. 'la niña' me miraba fija y desconfiadamente, a la par que sus dedos hacían algo como ensuciar, arrugar, joder.... yo me defendía como podía de la 'extraña criatura', en cuanto su abuela me daba la espalda, le ponía ojos de zebulón, estiraba la bouche. la guerra era declarada, pero la abuela no se enteraba de nada y volvía y volvía.... si no entraban, 'la niña' y yo nos lanzábamos cócteles carnero-zebuloneico con la mirada, y la abuela decía 'adéu, maca!', la maca decía 'adéu!' y rauda lanzaba un gestucho raro a 'la niña' malcarada. poseo grandes dosis de inmadurez, pero no estoy preparada para ser abuela aún.

una tarde,- las tardes de antaño previo al euro eran movidas, llenas de gasto y alegría-
aparecen: mecachislamar, paso de ellas. la abuela a lo suyo, a tocar y yo a lo mío, a vender. 'the creature' se sienta en una butaca en la que yo estaba envolviendo un regalo no sé qué, -envolver ropa se las trae- y me mira .... yo la miro....y sonríe esos ojos incomprensibles al entendimiento humano y me arruga el regalo con las manos. no satisfecha aún con el daño infligido, habla, por primera vez y no a mí, si no que a todos los clientes presentes y a su abuela . suelta bien alto y gangoso algo que traduciré como: pogqué me ssaques la llengua a vesess...

i felt like dying...she was linda blair or damien's something!
hoy por hoy, cada vez que entran niños, les doy sugus, juego y río con ellos, creen que están en un chiqui-park.

i confess

insulté, no hace mucho a una sjp a la inversa, pero fue sin querer. en mi época álgida de las 'no compran ever' entró ella, as always. es simpática, educada, amable y dulce. no me compra y no, no se lo merecía. después de mucho bla-bla-bla, me pruebo esto, y 'adiosss, nos vemosss chao' sale por la puerta y no sé que rapto me da por inclinarme hacia mi papelera de jordi labanda. el mostrador es alto -allí detrás me escondo a veces- y en voz muy alta solté una serie de improperios de la más baja ralea: stoy hasta los c.., me c..., c...., j..., c....p....de los c...harta estoy de esta peña!!. me levanto bien roja del excercise y de los exabruptos y allí estaba....dentro. pero cómo podía estar dentro si yo la había visto saliiiir? pues había reentré. le llamó la atención algo se ve al salir, que tuvo que volver a entrar. ni la oí venir. un consuelo: no volverá.

Las dependientas hacemos de todo: escondemos el género para otras clientas pero sobretodo para nosotras, elegimos primeras cuando llegan cosas nuevas y encima con más descuento, nos lo hacemos descontar de las pagas futuras. Ponemos etiquetas de precio a la persona que entra y somos fieles a la clienta que viene a menudo y gasta mucho. Las dependientas miramos de arriba a abajo -las hay con más arte que otras, pero eso lo hacemos todas-. Las dependientas tenemos una escala social muy snob: dependienta de berschka, dependienta de mango, dependienta de sisley, dependienta de zas, de comella y así hasta la realeza: chanel, vuitton, hermés. Todo nuestro valor social se reduce al valor de la prenda que vendemos, y cuánto más alto éste sea, más alta será nuestra valía, nuestros tacones y nuestra envidia.

pero, qué bien va tener amigas entre las dependientas, es como tener un amigo en la barra de tu club nocturno favorito.

 
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