viernes, 16 de abril de 2010

VIDAS PRIVADAS



Cuando alguna vez navegues
hacia esas islas de nácar
- estuche de tesoros sumergidos —
donde el estruendo del volcán rugiente
me trae a la cabeza la memoria
de Strómboli y Silvanna,
recuerda entonces si algunos marineros
surcaron aquellas soledades
que un día fueron antiguas moradas de los dioses.




Y cuando el destino te lleve hasta Agrigento,
no olvides visitar a Hera - la altiva -
que es tu diosa, y desde el templo,
mientras contemplas el piélago irisado,




implorar una oración estricta
que recorra los confines de la costa,
deslizándose entre las ramas del olivo,
y escondiendo las palabras de los hombres
que te veneran.




Al regresar luego, sentirás
desde el fondo de la cella de la nave,
el fulgor de una mirada de ojos grises
- profundos como el tiempo —
que marcan tu devenir oscuro,
y una tristeza infinita
que no te corresponde




Entenderás entonces que el deseo
es el hijo pródigo de la fantasía,
y que ella misma es un fuego menor
que nutre y mantiene la ilusión de los poetas.




Y también, que desde tu jardín
--envuelta en flores malvas,
rodeada de azahares y de rosas—
puedes llegar con tu virtud tan lejos
como los más osados navegantes del Tirreno,
apoyada, tan sólo,



en el dolor de una presencia
que me niegas.

'Audrey en Agrigento', Variopaint




Olga Sherer, Elle UK en http://www.fashionising.com/
Capriol Jazz Suite



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