lunes, 13 de septiembre de 2010

DE PUNTILLAS Y EN SILENCIO



Frida entró en la mansión, la que era su casa.
En puntillas y en silencio escogió la hora en que todos los criados dormían, a sabiendas que su dueño estaba ausente.




Paseó por las dependencias que tanto le gustaban, se recreó en sus cuadros, fumó un pitillo o dos. Ya no quedaba mucho de ella allí, aunque camuflados entre las cortinas se vió a ratos a sí misma, retratos de cuando era una niña. A Frida las riquezas le traían sin cuidado. Sólo quería recuperar sus pequeños tesoros, que el valor se los había dado ella misma; tesoros difíciles de explicar.




Recordó que en aquella maison había aprendido a vestir y a amar, al menos a sí misma. Recogió un vestido o dos, incluso se despidió de trajes prestados que tanto la habían favorecido y acompañado. Saludó los retratos de viejas damas colgadas en paredes que desde el silencio habían sido también sus maestras de escuela.




Frida dejó sus ensayos de cuando le descubrieron que era más guapa de lo que creía, que su belleza salía de dentro y que el vestir era un instrumento que debía aprender a controlar y disfrutar .

Cogío un pequeño espejo que llevaba su nombre grabado, y un libro que relataba su vida en pocas palabras.

Se marchó en silencio, tal como había entrado en la gran casa, para encontrar así un camino de entrada y salida que le permitiría volver cuantas veces lo deseara. 

Se sentió madura y a la vez muy pequeña.



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fotos: paolo roversi en spinningbirdkick
música: paolo nutini, candy

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