miércoles, 26 de octubre de 2011

UN PASEO POR EL MERCADILLO




Estaba yo sumida en mis pensamientos - una forma de ombliguismo como otra cualquiera - cuando me he acordado que hace tiempo que no comento lo de mis mercadillos, esa clase de  bolos a los que me estoy volviendo afín y por ende toda una experta. Lo mejor que tiene un mercadillo - lo digo por si os interesa montar parada - es que hay que aguantar el tipo solamente durante un día, en un lapso que puede oscilar entre semanal, mensual, o incluso bianual, si se da el caso. Así, previo pago del tenderete - que de eso no se salva nadie, creo - se organiza el traslado de la mercadería  y basta con estar en el puesto una media hora antes de que empiece el goteo de los primeros peregrinos devotos de la ganga, ya que sin gangas no existen fieles, como es sabido. Además, en caso de llegar un poco justos de tiempo, siempre se puede ir sacando la mercadería sobre la marcha, algo que pone muy nervioso a los viandantes, ya que se monta enseguida una leyenda urbana que hace creer que eso que estás sacando es aún mejor y más barato que lo ya expuesto anteriormente.

Lo cierto es que no suelo pasearme demasiado por el mercadillo en cuestión ya que,  como fiel devota de la ganga que soy, me dejaría las ganancias del día en los puestos vecinos y esto de los mercadillos es un trabajo, no un hobby. Pero lo más divertido de todo es recibir en tu puesto a catadores de la competencia es decir, visitas de puestos vecinos que con miradas desconfiadas temen lo peor: que tus gangas sean mejores que las suyas. El miedo al más bueno, más bonito y más barato en puesto ajeno es lo más natural del mundo y un motivo de más para evitar el deseado garbeo por los puestos de la competencia: de hecho viene a ser algo muy parecido a aquello de que la comida en casa de otros sabe mejor por ser distinta, no por nada más.

Otro de los temas preocupantes para el tendero que se precie es que la afluencia de peregrinos sea mayor en capilla ajena, pues siempre se tiene la sensación de que hay más flujo de clientes potenciales más arriba o más abajo de tu puesto - ése que tan caro nos ha costado - y la desesperación ante el hecho de saber que has pagado el mismo importe que ésos otros puestos, tanto mejor situados. En fin, que un verdadero stress, pero no os desaniméis, corren buenos tiempos para la lírica  "todo a 5, 10 y 15 euros" así que os invito a probarlo.

Mercadillo de Sarriá, Barcelona.







*
sobre exposiciones y primera foto: Rose Hartman, más info en The Cut 
sobre mercadillos y segunda foto: porque me cae lejos, que sino...
*


 
template by suckmylolly.com