domingo, 5 de febrero de 2012

Museo del Traje: '...No te llegues a las flores...’

¨No te llegues a las flores porque después de tocadas se ven pronto marchitadas y pierden gracia y primores’

Una visita que se puede calificar como ‘fugaz’ al Museo del Traje –cierra a las 19:00 hs. algo de lo que debí informarme previamente y no dar por hecho que cerraba las 20:00 hs- me dejó un sabor de boca agridulce. El frío reinante, la escasa afluencia –aunque un lujo para el visitante- a pesar de contar en su programación con una oferta de conferencias interesantísimas y una colección que, aunque incompleta y mezclada en el tiempo, ofrece un apasionante recorrido por lo que una vez vestimos, las razones socio-culturales, económicas y políticas y por ende nuestra historia.
Mi ritmo acompasado y totalmente fuera del tiempo real me detuvo más de lo que debía ante algunas piezas que, históricamente imprescindibles como representación de vidas, hábitos y costumbres me privaron de grandes joyas de las que tenía verdadero antojo por contemplar con el mismo detenimiento. Literalmente fui desalojada del lugar -casi a rastras- con la amabilidad y firmeza propia que harían las delicias de la guardia del Vaticano. ‘Mariano Fortuny…! Nooo…por favor’ supliqué en vano. Pero una es una señora y me resigné a lo inevitable: 'Adiós Mariano adiós, Adiós Pertegaz… Adiós amigos… Hasta la próxima’.
Parte de culpa la tuvieron estos guantes:
En piel del cabritilla, pintados a mano, claro está, y que representan –presumiblemente- a una madre con su hija, una niña. Los guantes datan aproximadamente de 1820 donde  puede leerse claramente una leyenda:  ¨No te llegues a las flores porque después de tocadas se ven pronto marchitadas y pierden gracia y primores’. La iluminación del museo, tan escasa como mi vista, no impide que tomara buena nota de la cita fascinada ante la belleza esta obra de arte decorativa de unas manos que una vez fueron pequeñas y delicadas, como las flores de e.e. cummings.
Una vez en casa, con un post entre manos sobre el Museo del Traje no puedo evitar adelantarme ya que esta tarde leí un twitt que decía simple y llanamente que los niños no pintan nada en un desfile de moda -al que hice un correspondiente reply  y que fue ignorado; como nos pasa a muchos-. Un niño plasta y maleducado es una cosa –y muy molesta sin duda-, otra cosa es un niño que acompañado por el adulto correspondiente tiene acceso a una manifestación artística, cultural y comercial más o menos talentosa -que no se puede ser genio cada temporada o que quizá nunca se llegue a serlo- pero que sin duda, algo aporta a la industria, a la historia y a toda la parafernalia que definimos por ‘mundo de la moda’. Mi contestación a dicho twitt hacía alusión a que la moda, como toda manifestación cultural se inculca o se debería inculcar desde la infancia –como las matemáticas, la literatura, los idiomas. La moda es una representación del momento que vivimos. La moda forma parte de nuestra cultura y cuando ésta no hace mella en la persona, deja un vacío, una laguna que sólo actúa en detrimento del desarrollo y capacidad de triunfo de la persona -tal y como ella comprenda qué es para ella el triunfo-, sin olvidar que la moda es un aliado, no un enemigo. Los niños –afortunados ellos si tienen acreditación o invitación- pueden disfrutar y aprender a valorar lo que es esta industria que nos mueve, que genera trabajo, que nos identifica como grupos y que nos hace partícipes en la historia de nuestro tiempo. La moda trasciende los museos y no es algo inerte ‘muerto’ expuesto en un escaparate para preservar la memoria histórica sin más –de allí que el Museo del Traje ofrece ‘Talleres para niños’ en su programación para el 2012. Las nuevas generaciones son quienes se encargarán de preservar ése pasado cultural, para afirmar el presente y desarrollar el futuro. De la misma manera que el hombre no vive sólo de pan, el niño no sólo vive de nintendos. El estímulo forma una parte esencial para su desarrollo y entre esos niños están los futuros diseñadores, profesores, y por supuesto consumidores. Cuanto mejor y más preparados estén, más seguridad encontrarán en sí mismos. Las flores que se marchitan son las que no tienen acceso a la información; y ésa es la principal arma que todos deberíamos transmitir a nuestros sucesores, como obligación de presente, futuro y transmisión de nuestro legado.
Sobre Museos, su preservación y la importancia de la transmisión de un legado -y mucho, muchísimo más- os recomiendo éste post: 'El Sentido Monumental del Museo. Curso Nájera 2012'
Y mi reflexión no acaba aquí, continuará.


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