miércoles, 6 de septiembre de 2017

La Mamma Morta.


Quin melodrama, cony.

No puedo dejar de pensar en que alrededor no queda nada más que miseria y hambre. 
Y confieso que esta señora que escribe, supura odio por los poros. 

La impotencia es un lujo perdido, derechos de señoritas del pasado. Yo mal que me pese, que me pesa como muerto crucificado a mis espaldas, soy culpable de algo que no comprendo ni comparto, fruto de los estragos modernos del siglo XXI. No he sabido adaptarme, no lo vi venir.

Los derechos sólo se ganan cumpliendo con las obligaciones. Y si cumpliendo todas y cada una de las obligaciones, no se contemplan los derechos de una madre, es que algo y muy grave no funciona.
Pero llego tarde por edad, generación y corazón para arreglar 'lo social'. Mis derechos como madre quedan reducidos a: pagar, pagar para después pagar.

Y mientras, en una España que se evapora ante nuestros corazones, hemos dado pie a que insectos devoren cada derecho, cada conquista, cada muerte de todos los humanos que han dado sus vidas para que las madres cumplidoras y padres cumplidores, por corazón -algo que está muy por encima de la ley de los insectos y que no podrán llegar jamás a aprehender- se coman nuestros derechos ganados a costa de las muertes de los nuestros. Lo que viene a ser, dicho en crisitiano:

Se pasan nuestros derechos -cobrando nuestras obligaciones- por donde Cristo pierde su casto nombre. 

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