viernes, 9 de marzo de 2018

El invierno ruso de Chanel





No estoy hecha para el frío, por mediterránea, porque soy de playa, del sol del gazpacho y las largas tardes para noches cálidas. 



Hace años una aspirante a bailarina amiga mía le detectaron algo en los cartílagos que la alejó de los escenarios y de la posibilidad de ser la Primera en la compañía de danza. Ese día colgó las zapatillas y me dijo que nunca más iba a ver ni una sola obra de ballet. Descolgó todas sus fotos y las de los bailarines que la precedieron. Se dijo: se acabó, y no quiero saber nada más de todo ésto.

Algo parecido pasa conmigo. Cuando ya no pinchas ni cortas un pedazo de tela que tenga cuerpo, caída y lujuria y claro que no está al alcance de cualquiera! Como no lo es llegar a ser Prima Ballerina. Sigues vistiéndote por los pies o por la cabeza y continúas -haciendo ver que no pasa nada, que es tan bonito ese jersey de Zara como uno de mercadillo. Porque tienes escuela, tienes lo que hay que tener algunos le llaman estilo otros -qué más da si ni siquiera se acuerdan ya de uno o quiénes son para decir nada?

Al menos a mi me queda el placer de las letras, algunas dudosas, algunas irrelevantes pero son las mías a mi sí me gustan. Y no tengo que abandonar nada porque me prefiero y de lejos a la mayoría de las cosas que se publican y que se les hace una ola. Tsunami que les haría yo -en parte por envidia porque se las publican y poco más... Leo la mayor parte que llega a mis manos en diagonal. No me gusta ni me interesa y me parece de una chatura que me deprime. Me deprime el gusto por lo mediocre. Como me deprime un chiste malo. Como me deprimen tantas otras cosas.

Podría vivir en el invierno recreado por Chanel. Un paseo por el bosque onírico de brocados, viejas películas, años 80s, plumas, lujo contenido y la vez excesivo. Como la contradicción que supone una bisutería fuera del alcance de las joyerías. Sin concesiones esta vez a nadie salvo al frío invierno de la Rusia que refinada, pasea por el centro de Barcelona. Y que no compra en Zara. 

Ha sido reconfortante viajar en los escasos minutos que dura este paseo por bosques sin hojas ya que están todas destinadas a dar abrigo, color y belleza a las nuevas y verdaderas ninfas coronadas sí por un delicioso destino. Podría vivir en este invierno que viene muy del norte, de cuando fuimos reinas. 


- todas las imágenes pertenecen a chanel.com- 

 
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