jueves, 19 de septiembre de 2019

Tranki, Mazín.



Desconfío de quien no suele beber, fumar o tomar alguna medicación opiácea. Desconfío de quien no come carne, de quien reniega de su historia, de sus padres, de sus tradiciones. Puedes adaptarlas, nadie obliga a nadie a fumar, a beber, ni a medicarse ni tan sólo a comer carne, o a casarse por la Iglesia, tampoco a ser padres. Nunca ha sido una obligación. 

Recuerdo -como todos- a Don Vito aconsejando a Michael: 
 'El que venga a ti con una propuesta de acuerdo o de reunión, ése es el traidor.

Nos dicen estos nuevos mensajeros que toda prohibición es por el bien de nuestra salud. Que nos multarán por el bien de nuestra salud. Que abandonemos a nuestro padre porque es hombre, que abandonemos a Dios porque es Padre, que abandonemos la carne, la cerveza, la belleza femenina, la masculina... La belleza es el marco de nuestra naturaleza. Un bien y un modelo de excelencia. La nuestra. La que defiende a nuestros hijos -más feos o más guapos- que las abuelas cuentan, que no las vamos a matar con el beneplácito de los mensajeros disfrazados de algo mucho peor que el diablo. 

Que Dios es bueno, pero el Diablo tampoco es tan malo. 






 
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